Programa de historia de las ideas políticas en Chile

Ana María Stuven en La Tercera “El Chile que recibirá al Papa Francisco”

June 21, 2017paulaNoticias0

ana maria chicoEn 1987 fue la primera y hasta hoy única visita de un Sumo Pontífice a suelo chileno, pero el Vaticano confirmó el arribo del Papa Francisco en enero de 2018. Sin embargo, historiadores y sociólogos apuntan a que lo hará en un escenario político y social diferente, con menos católicos y muchas críticas a la Iglesia, que contrastan con la visita de Juan Pablo II.

Según Gabriel Cid, historiador de la U. Diego Portales, la visita del Papa Juan Pablo II -de la que el pasado 1 de abril se cumplieron 30 años- es uno de los eventos más trascendentes en la historia de Chile del siglo XX.

Por eso, el anuncio del vocero del Vaticano, Greg Burke, quien dijo que acogiendo la invitación de los respectivos jefes de Estado y obispos, “Su Santidad, el Papa Francisco, realizará un viaje apostólico a Chile del 15 al 18 de enero de 2018”, está generando expectación.

Pero fue el propio gobierno el que aclararía que la segunda visita de un Sumo Pontífice al país sería en un contexto político y social distinto al de Juan Pablo II. “El Papa Francisco llegará a un país con pleno estado de derecho, que recuperó su democracia en 1990, que es mucho más diverso en distintos ámbitos, con un creciente número de inmigrantes”, dijo el ejecutivo en un comunicado.

Tres décadas de cambios

El Chile que recibió a Karol Józef Wojtyla, verdadero nombre de Juan Pablo II, difería en muchos aspectos al actual. En 1987, el país tenía apenas 83.805 inmigrantes (el 0,7% de la población). Hoy, según el Departamento de Extranjería, hay 477 mil, un 2,7% de la población.

Las mujeres -en promedio- tenían casi tres hijos (hoy la Tasa Global de Fecundidad es de 1,8) y la esperanza de vida promedio era de 72 años, hoy un chileno vive en promedio una década más. En 1987 había seis millones menos de personas en el país y 95 mil de ellas se casaban anualmente. Hoy, se producen 30 mil matrimonios menos.

Pero, además, las expectativas frente a la llegada de Juan Pablo II eran muy altas. Con dos años de anticipación se crearon un eslogan, una oración y una canción. Se repartieron, además, medio millón de Altares Familiares, que tenían en el centro el rostro de Cristo y que podían apreciarse en muchas casas.

El viaje se materializó entre el 1 y el 6 de abril de 1987. En esos seis días recorrió Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Santiago, Concepción, Temuco, Puerto Montt y Punta Arenas. Francisco visitará sólo tres ciudades: Iquique, Santiago y Temuco.

En 1987, Chile atravesaba una etapa compleja de su historia. Octavio Avendaño, sociólogo y académico de Sociología de la U. de Chile, señala que en ese momento existían condiciones autoritarias y se comenzaba a discutir el proceso de transición a la democracia. “Las circunstancias son distintas a las actuales. Hoy, en su visita se abordarán temas que representan un desafío para la sociedad, como la migración y el conflicto mapuche, por algo elige esos lugares”, destaca Avendaño.

Con Juan Pablo II, agrega, se tenía la esperanza de que cambiarían las condiciones sociales y políticas. Así, entre las multitudes de personas que se reunían en cada uno de los lugares que visitó se podían ver pancartas en que se pedía el término del régimen militar.

Para Marcial Sánchez, profesor de Historia de la Iglesia en la U. Católica, la visita de Juan Pablo II se produce en un contexto muy diferente. “Estábamos en dictadura, donde el Papa venía a entregar un mensaje de paz. La gente no sabía cómo iba a suceder eso y en cada encuentro se buscó darle a conocer lo que sucedía”.

Ana María Stuven, historiadora del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la U. Diego Portales, resalta que el Papa Francisco no causará el mismo impacto en el sentido político como la visita anterior: “Estaba la esperanza de que el Papa presionara a la dictadura de Pinochet por el mayor respeto a los derechos humanos”, destaca.

En la visita de 1987 había que asegurar una salida pacífica al gobierno de la época, agrega Avendaño. “Hoy es difícil que por su intervención se materialice una política o un cambio, pero de todas maneras instalará una discusión y será interesante ver el momento cómo lo abordará”, aclara.

Los lugares que escogió tampoco son casualidad. “Me gusta que vaya a Iquique por el tema de los migrantes, y por el tema de Perú y Bolivia. Viene como emisario de paz. En Temuco está el tema de la situación de los pueblos originarios en su generalidad y tendrá que escuchar la reivindicación de los temas mapuches. No me cabe la menor duda de que sabe qué es Chile, porque es argentino, conoce a monseñor Ezzati y conoce nuestra Iglesia”, resalta Sánchez.

Transformación interna

Y si bien la relevancia política puede ser menor, sí lo será dentro de la propia Iglesia, dice Stuven. Ello, porque ha sido una figura que asumió con una postura más abierta ciertos cambios doctrinarios, principalmente en la gestión de la curia.

“En el caso chileno, que ha habido abusos por parte de la Iglesia, la postura firme de él será importante para fortalecer a quienes dentro de la Iglesia quieren abrirla a cambios necesarios. El hecho de que sea jesuita es un apoyo a la doctrina jesuita en Chile, una apertura hacia el pluralismo dentro de la Iglesia chilena. Ojalá trabaje con la Conferencia Episcopal, ojalá salgan aperturas como la incorporación de la mujer dentro de la Iglesia en Chile”, dice Stuven.

Otra diferencia es en el fuero católico. La encuesta Bicentenario, en 2014, señaló que el 59% de la población se declaraba católica, cifra que en 2006 era de 70%.

¿Cómo reaccionará si es interpelado por los abusos de la Iglesia? Sánchez destaca que el actual Papa tiene una cualidad: no elude las preguntas.

“Dice la verdad; si le preguntan sobre eso, responderá. Además, Chile es el primer país que hace frente a esas situaciones de la Iglesia y genera una comisión, todo lo que se ha dado a conocer se ha investigado como corresponde, y él hace frente a todo tipo de temas”.

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Ana María Stuven participa en panel sobre la visita del Papa a Chile en el programa Vía Pública

June 21, 2017paulaNoticias0

ana maria stuven via publicaEl programa Vía Pública de Canal 24 Horas, conducido por Juan Manuel Astorga, revisó la solicitud de la Fiscalía para que los bolivianos detenidos en la frontera sean declarados culpables y multados; las disculpas del precandidato Sebastián Piñera tras la “mala broma” machista que realizó; el atentado explosivo en Bruselas; y más. . El panel, integrado por Ana María Stuven, directora del Programa de Historia de las Ideas Políticas en Chile, discutió sobre la próxima visita del papa Francisco a Chile.

Ver el programa en Canal 24 Horas, aquí.

Gabriel Cid en Cultura Verdadera: El legado de Diego Portales

June 13, 2017paulaNoticias0

El académico Gabriel Cid, investigador el Programa de Historia de las Ideas Políticas en Chile de la UDP, participó en un panel del programa Cultura Verdadera de La Red, para analizar el legado de Diego Portales en Chile.

 

Camilo Fernández, investigador asociado del PHIP obtiene beca de investigación en Holanda

June 6, 2017paulaNoticias0

fotoCamilo Fernández, investigador asociado del PHIP, ha obtenido la prestigiosa beca Slicher van Bath, que otorga el Centro de Estudios y Documentación Latinoamericanos (CEDLA), dependiente de la Universidad de Amsterdam. La beca, que promueve investigaciones sobre la historia de América Latina, permitirá financiar dos estadías de investigación en el extranjero, una en el Instituto de Historia Social de Amsterdam y otra en el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas de Buenos. Además, comprende la participación en la II Escuela de Verano en Historia Conceptial CONCEPTA Iberoamérica a realizarse el próximo 24 de julio en el Colegio de México.

La investigación, planteada como un proyecto inicial para la futura realización de una tesis doctoral sobre el pensamiento socialista en Chile, se propone estudiar el desarrollo del de dicha corriente política desde 1887, con la formación del Partido Democrático, hasta 1932 con el establecimiento de la República Socialista. Desde los postulados de la historia intelectual y el análisis de las ideologías políticas, el proyecto busca examinar las distintas corrientes de pensamiento que inspiraron a las organizaciones, movimientos, partidos u asociaciones de reivindicación popular u obrera, mostrando cómo el socialismo que se desarrolló y consolidó durante el siglo XX fue el resultado de la confluencia de una diversidad de familias ideológicas, tanto socialistas como otras que también levantaron un discurso de reivindicación popular.

Ana María Stuven presentará en Seminario “Ideas para pensar la Universidad”

June 5, 2017paulaNoticias0

El Centro Teológico Manuel Larraín y el Departamento de Filosofía de la Universidad Alberto Hurtado invitan al seminario Ideas para pensar la universidad”

La sociedad chilena hoy discute lo que entiende, quiere y necesita como universidad. ¿Sobre qué bases históricas se lleva a cabo esta discusión? ¿Qué define hoy a la universidad? ¿Qué fisionomía adopta la universidad en el contexto de la globalización económica? ¿Cuáles son las condiciones para la ejecución de proyectos universitarios de inspiración católica? La universidad no es una entidad abstracta, sino que encarna ideas con las que una sociedad se comprende a sí misma en tiempos y lugares distintos. Es una construcción social e histórica que exige de nosotros la aclaración y revisión permanentes de su sentido.

El seminario contará con la participación de Jorge Costadoat (PUCCh), Juan Manuel Garrido (UAH), Hugo Herrera (UDP), Antonia Larraín (UAH), Elizabeth Lira (UAH), Valentina Pinto (UAH), Ernesto San Martín (PUCCh) y Ana María Stuven (UDP).

Inscripciones aquí

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Dr. José Casanova expone sobre religión, cohesión social y globalización en la UDP

May 18, 2017paulaNoticias0

18423822_1313019145418868_4823953530910998461_nEl Dr. José Casanova, profesor en los departamentos de Sociología y Teología en la Universidad de Georgetown y miembro principal del Centro Berkley, es uno de los mayores estudiosos del mundo de la sociología de la religión. El pasado 11 de abril expuso en el conversatorio titulado “Cohesión social y religiones transnacionales: desafíos para la democracia en América Latina”, actividad organizada por el Programa de Historia de las Ideas Políticas en Chile, en conjunto con la Escuela de Sociología de la UDP, COES y el Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales de la UAH.

En la actividad, el autor de libros como Religiones públicas en el mundo moderno y Genealogías de la secularización, abordó problemas como el cambio religioso en América Latina, el impacto de la globalización en las formas de confesionalidad y la necesidad de pensar transnacionalmente el fenómeno religioso como forma de comprender las transformaciones de este problema en las últimas décadas.

Cabe destacar que el profesor José Casanova es uno de los principales estudiosos del mundo de la sociología de la religión. Es profesor en los departamentos de Sociología y Teología en la Universidad de Georgetown y miembro principal del Centro Berkley, donde su trabajo se centra en la globalización, las religiones, y la secularización. Ha publicado trabajos sobre una amplia gama de temas, incluyendo la religión y la globalización, la migración y el pluralismo religioso, religiones transnacionales, y la teoría sociológica. Su obra más conocida es Religiones Públicas en el Mundo Moderno (1a. edición en inglés, University of Chicago Press, 1994).

Ana María Stuven: Veinte años de debate sobre el sistema carcelario y el género sigue ausente

May 17, 2017paulaNoticias0

ana maria chicoHace 20 años se viene hablando de reformar el sistema carcelario. Y nada. No lo digo yo. Lo dijo un participante del Seminario que organizó el Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica. Por eso, aunque sea tarde, los resultados que presentó la semana pasada la mesa de trabajo que elaboró el documento Propuestas de Mejora al Sistema Carcelario son bienvenidos. Efectivamente, es urgente modificar un sistema carcelario que trasgrede los derechos humanos y que no es eficiente en reinsertar socialmente (o más bien insertar, pues en su mayoría son personas que han vivido en los márgenes de la sociedad y la cultura) a quienes cometen delito.

El documento “Sistema Carcelario en Chile: Propuestas para avanzar hacia una mayor efectividad y reinserción” es una buena noticia por cuanto reconoce que el país no ofrece condiciones dignas de encarcelamiento ni tampoco adecuadas posibilidades de reinserción. Aún más, admite que es completamente inconducente condenar a penas de reclusión extendida por delitos menores pues estas incluso aumentan la probabilidad de delinquir en el futuro. Propone también reformas a la legislación penitenciaria, la modernización de Gendarmería, incluyendo la separación de las funciones de custodia y reinserción, la implementación de una política de segmentación de la población penal, así como mejoras en la infraestructura carcelaria que contemple recintos de baja, mediana y alta seguridad. Pone especial énfasis en la implementación de líneas programáticas de reinserción, potenciando el rol de los municipios y con el concurso de sectores privados que complementen la oferta de Gendarmería.
Hasta ahí todo bien.

Sorprenden, sin embargo, algunas falencias o carencias, a estas alturas inaceptables para especialistas que han trabajado durante más de 6 meses. La primera, y más importante, es que todas las propuestas están planteadas como si la población penal no presentara características de género. Todas ellas se encuentran redactadas en un lenguaje neutro genéricamente. Criticar que se refieran a “internos” y “reclusos” para designar a la población penitenciaria en general no es producto de una insistencia semántica. Es necesario hacerlo porque el texto refleja y reproduce la tendencia que han presentado muchos de los estudios sobre el tema, y que ha impedido, históricamente, una discriminación necesaria entre los problemas de la reclusión femenina y masculina, así como entre las consecuencias que tiene condenar a una mujer vs. un hombre a penas privativas de libertad. Incluso el mismo estudio reconoce en su diagnóstico que, “la evidencia señala que la privación de libertad tiene efectos diferenciales según se trate de hombres o mujeres, lo cual en la actualidad es ignorado por la política penitenciaria”. Pero tan solo lo menciona sin sacar ninguna conclusión ni adelantar ninguna propuesta. Por cierto, un estudio que elaboramos en la misma Universidad Católica en 2012 y publicado también por el Centro de Políticas Públicas ya demostró el mayor costo social y familiar que representaba una mujer en prisión. Las mujeres sufren un mayor estigma social cuando entran a la cárcel.

Además, se desvinculan de sus familias y redes sociales, lo cual es especialmente grave por el hecho que al momento del ingreso en prisión al menos la mitad tenía el rol de cuidadora o sostenedora principal de los hijos. El país se ha estremecido con las dramáticas noticias sobre la situación de los niños y niñas del SENAME; al menos un tercio de los hijos de mujeres que ingresan a la cárcel quedan en situación vulnerable y son candidatos a sufrir en alguna de sus instituciones por ausencia de su madre. ¿ Cuesta tanto concluir que el problema de la prisión femenina tiene mayores connotaciones sociales que la masculina y requiere de políticas ad hoc?

Parece, por lo tanto, inexplicable que el documento no incluya propuestas específicamente para el caso de la población femenina. Ello, especialmente, si constatamos que la prisión tiene nulo efecto reparador en general, y que la población penal de mujeres corresponde al subgrupo con mayor crecimiento en los últimos años, con un aumento cercano al 90%, condenadas principalmente por micro-tráfico. Una reincidencia promedio en el delito de 50.5% en 3 años confirma que la prisión es un tiempo perdido y, además, un período de contagio crimonológico, pérdida de vínculos familiares y sociales, detrimento de la salud mental y empobrecimiento personal y familiar.

Constatando lo anterior, era deseable y esperable que el documento se pronunciara específicamente respecto de las penas privativas de libertad con consideraciones de género, de manera de considerar variables como la maternidad, el tipo de capacitación, la atención sicológica, la vinculación familiar y otros aspectos largamente exigidos y denunciados por las organizaciones que trabajan en los centros penitenciarios femeninos respecto de las penas privativas de libertad para mujeres. Si bien es cierto que la población recluida es mayoritariamente masculina, el aumento de mujeres privadas de libertad y su repercusión social merecía una atención especial.

No cabe duda que la mesa de trabajo se habría visto enriquecida si, además de los abogados, juristas, y académicos que la integraron, hubiera invitado a las instituciones que trabajan y conocen por dentro el problema de la prisión femenina. La Corporación Abriendo Puertas es una organización que trabaja hace 17 años en el Centro Penitenciario Femenino, capacitando, acompañando y realizando estudios sobre prisión femenina. Es lamentable que, con excepción de la Capellanía católica, no se haya valorado el insumo que podría aportar la experiencia de instituciones que, como el mismo estudio propone, llevan años articulando con Gendarmería programas de reinserción laboral y social.

Ver columna en El Mostrador

Ana María Stuven en Revista Ya: Las primeras páginas del sello femenino chileno

May 16, 2017paulaNoticias0

Lanzamiento libro "Debates republicanos en Chile. Siglo XIX"Hace 100 años, entre retratos de distinguidas señoras y elegantes bocetos de moda, apareció esta publicación dedicada a la mujer. Causó revuelo y pavimentó una nueva forma de acercarse al mundo femenino.

Corría enero de 1917 cuando una nueva revista para mujeres empezó a circular en Santiago: “La Silueta”. Se presentaba en su colofón como una “revista social de arte, elegancia, modas y literatura femenina. Su primer número abría con un editorialque era una declaración de intenciones. En el contexto de que “lo verdadero, o indudable ya, es que la mujer ha llegado a ocupar en la vida el papel que acaso le corresponde”, la revista “aspira a ser el exponente de la cultura femenina”, por lo que invitaba a las lectoras a enviar sus textos. La nota firmada por la dirección prometía: “La Silueta va a mostraros lo que puede y lo que hace la mujer chilena”.Ya en las primeras páginas dedicadas a la crónica social, se aprecia un rasgo que será característico de la revista: incorpora las secciones que hasta hoy son típicas de las publicaciones femeninas, pero con un tono crítico.  Así, por ejemplo, la cronista Gypsi partía manifestando su enojo porque le han encargado escribir sobre la vida social, noticias que califica de “algo rancias”, porque las fiestas sociales “no resultarían una novedad para nadie, ya que se publican en todos los diarios”. En el número de febrero, la crónica social firmada por Kismet afirma que “la vida viñamarina resulta muy llena y muy vacía. Por eso algunos se encargan de colmarla con placenteros comentarios acerca de los veraneantes y de cómo exageran la moda algunas damas”. En las páginas de belleza de la edición de junio, Mercedes de la Peña califica a “los cosméticos, las pinturas y los afeites” de “verdugos de la necesaria y justa aspiración femenil” de cuidar su apariencia, advirtiendo a las lectoras sobre los compuestos químicos contenidos en “esos menjurges” (sic) de pomos dorados: “estas materias tóxicas y corrosivas serán los sepultureros de nuestra lozanía”.

Mujeres letradas

La Silueta es parte de una seguidilla de publicaciones creadas por y para mujeres, a partir del creciente acceso a la educación experimentado por las chilenas a partir de la segunda mitad del siglo XIX, en que la promulgación del Decreto Amunátegui en 1877 fue primordial. Además de favorecer el acceso a la universidad, derivó en la aparición de liceos públicos femeninos. Las nuevas generaciones de mujeres ilustradas no se sentían reflejadas por la opinión pública dominante, que las seguía relegando al rol de madres y esposas, sin pensamiento ni voz. De ahí que para difundir las ideas y el quehacer femenino empezaron a surgir medios escritos como “La Brisa de Chile” (1875) y “La Mujer” (1877), a cargo de Rosario Orrego y Lucrecia Undurraga, respectivamente. Estos medios fueron precursores de un periodismo femenino autodidacta, que mezclaba lo informativo con lo literario. Estas publicaciones, además de las inquietudes intelectuales, abordaron asuntos prácticos como los derechos laborales de las mujeres que se empezaban a incorporar al trabajo. Generalmente se trataba de medios de corta vida y una circulación restringida. En el caso de La Silueta, fue un medio establecido, con impresión en color y papel satinado, una gestión comercial que captó avisadores (los mismos de los medios tradicionales) y duró 14 ediciones mensuales. Corresponde a una etapa más evolucionada del periodismo femenino chileno, como observa el decano de la Facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales, Manuel Vicuña:-Silueta forma parte de una camada de revistas creadas en la década de 1910, dirigidas a un público de élite, que dan cabida a las mujeres representantes de una veta del feminismo local, que apuesta a reducir la brecha cultural entre hombres y mujeres. Esas revistas incluso les conceden las portadas a las “damas de la buena sociedad”, como se decía entonces, conformando una “galería de damas ilustres”. En otras palabras, convierten a algunas mujeres en personajes públicos y les ofrecen un escenario mediático para ejercer una “toma de palabra” en temas relacionados con la condición femenina, a la larga no solo de los sectores altos. La historiadora Ana María Stuven explica que estas revistas corresponden a mujeres de élite, que “creen que uniéndose en torno a círculos de lectura (que se fundaron emulando los ingleses), al ideal de las tertulias, ellas van a lograr mejorar su condición cultural”. -El feminismo de la revista Silueta está anclado en reivindicar los derechos de la mujer, pero desde la valoración de sus roles tradicionales, no de la igualdad respecto de los derechos masculinos. Por una parte defiende que la mujer sea valorada, y por otra critica a las que están tomando posturas más radicales.

De Silueta a magazine

La Silueta tenía como propietario y director a Ángel Bonfratello, empresario dueño de una tienda de modas ubicada en la céntrica calle Ahumada, que además servía de domicilio oficial para la revista. Él mismo se encargaba de escribir las páginas de moda, inspiradas en las tendencias parisinas. Pero según Ana María Stuven, “esta era la revista del Club de Señoras, donde se reunían mujeres de élite preocupadas por el avance del feminismo”. En la práctica, el Club tenía cobertura permanente de sus actividades en las secciones habituales de La Silueta. La revista contaba con un equipo de colaboradoras que incluía destacadas escritoras e intelectuales como Inés Echeverría de Larraín (Iris), Elvira Santa Cruz y Ossa (Roxane), Amanda Labarca y Lucila Godoy, quien publicó sus primeros poemas como Gabriela Mistral. Como sería práctica habitual del periodismo femenino, incluso avanzado el siglo XX, las autoras firmaban con un alias cuando se trataba de notas más polémicas.  En febrero de 1917 publicó el artículo “Cómo se formó el Club de Señoras”, que Iris calificaba de “¡un lugar donde se piensa en alta voz! Es un paraíso reconquistado”. Pero también aludía a dos diarios contrarios al Club, en particular a La Unión, del cual dijo: “no entra en casa, sino en calidad de envoltorio de paquetes de menor cuantía”. El periódico reaccionó con un artículo que “era una gratuita ofensa a nuestras damas”, según calificaba una airada carta de dos páginas publicada en la edición de abril de La Silueta, y que firmaba “una lectora”, que también advierte que Zig-Zag, sin hacer una alusión directa a la revista, buscaba ridiculizarla. El principal semanario nacional de la época se convertiría en una suerte de enemigo de la publicación femenina, aunque sus alusiones a La Silueta eran en tono irónico. El 12 de mayo de 1917, por ejemplo, en la sección “Lo que vemos y oímos” la califica de “una revistilla de modas (…) se imagina que con su estupenda circulación de 15 ejemplares no va a quedar títere con cabeza”. En medio de la polémica, la tienda de Ángel Bonfratello quebró y no siguió financiando la revista, que a partir de mayo pasó a llamarse Silueta Magazine. Se formó una nueva empresa, propiedad del dentista A. Jaime González, quien era avisador habitual. Asumió como director Tomás Gatica Martínez, escritor que provenía de Zig-Zag, con la cual siguió una controversia durante meses. El semanario hacía chistes con el que denominaba “ángel rebelde y cursilón” y una de sus novelas, “La cachetona”, a la que llamaban “La cachetina”, además de insinuar que su salida de la revista no había sido en los términos de tragedia teatral que Gatica señalaba. El aludido respondía con airadas columnas, hasta que decidieron cambiar el tono. Incluso imitaron la página de humor “Indiscreciones telefónicas” de Zig-Zag, donde se referían al semanario como “la Zigzaña”.Silueta Magazine creció como empresa y captó un creciente número de avisadores: después de la portada, venían hasta 17 páginas de publicidad antes de iniciar los contenidos de la revista. En septiembre se anunciaba que en 1918 sería “quincenal y más grande”. Se cambiaron a una nueva casa, en la calle Monjitas, donde además de sus oficinas se instaló una galería de arte. También se empezó a publicitar el lanzamiento del jabón de tocador de marca Silueta, denominación que adoptó la publicación a contar de su edición de enero de 1918, que sería la penúltima.

 Menos moda y más letras

“Si se quiere que la mujer se preocupe menos de la moda y más de la vida, es indispensable que se le conceda el más amplio derecho para aprender”, afirmaba uno de los artículos de la edición de julio de 1917. Si bien con la llegada de Tomás Gatica a la dirección Silueta fue evolucionando para convertirse en una publicación cultural (se incorporaron crítica teatral y literaria, ensayos de actualidad y personajes), en paralelo se mantuvo la línea feminista. Las portadas con retratos de señoras de alta sociedad pasaron a ser ilustraciones. Se redujo la vida social a una página gráfica, denominada “Mundo aristocrático”, sin embargo en las últimas ediciones volvió la crónica, aunque en tono tradicional. La crítica se trasladó a las páginas de moda, que en reemplazo de Bonfratello asumieron Musmé y luego Carlos Martínez. La primera invitaba a no desesperarse en querer imitar a las mujeres más jóvenes, mostrando tenidas que también “sirven para las gruesas”. En la página de Correspondencia, donde se pedían consejos domésticos y de belleza, la encargada Sosie se quejaba:-Son tantas las cartas que recibo pidiéndome remedios para adelgazar que llego a convencerme de que esta idea es ya una verdadera obseción (sic) en nuestra sociedad. Reseta (sic): suba ud. todas las mañanas hasta la cumbre del San Cristóbal y no coma nada. Este método es infalible (…) ¡Qué majadería esta de querer adelgazarse!En junio de 1917 debutó la sección “Feminismo/ Lo que dicen ellas”, donde se pedían opiniones a “distinguidas señoras del alto mundo social”. Solo duraría dos ediciones, después que se hizo la versión “Feminismo / Lo que dicen ellos”, donde el Marqués de Dosfuentes sentenciaba: “la invasión por la mujer en las esferas privativas del hombre es una cosa contra la naturaleza”. A la página de cocina, donde se enseñaba a preparar desde huevos revueltos y cazuelas de gallina hasta perfumes caseros, se sumó “El arte del hogar”, sobre cómo hacer manteles, encajes y cojines. En los últimos números aparecerían artículos como “La perfecta soltera”, con consejos para “cuando han pasado los años en que nuestros encantos no son cotizables en la rueda de las especulaciones amorosas”. En “El flirt” se reivindicaba el derecho a tener aventuras amorosas: “una hija de Eva podrá ignorar el arte de preparar croquetas; pero no desconocerá nunca la ciencia del flirteo”.Silueta apareció por vez final en febrero de 1918. La edición número 14 no entregaba ninguna señal de que sería la última: ni siquiera se suspendía el concurso del reloj de oro que se sorteaba desde septiembre.El fin de la revista coincide con un cambio de etapa en la lucha por las reivindicaciones femeninas locales. Para el decano de Ciencias Sociales de la UDP, Manuel Vicuña, este tipo de publicaciones dejó un legado: -Esta forma de protagonismo potenciará la lucha por los derechos civiles y políticos de las mujeres, que adquieren fuerza decisiva en los años veinte.La historiadora Ana María Stuven agrega que en la década siguiente las mujeres se organizarán en partidos políticos, pero su objetivo central todavía no será el derecho a voto:-Les interesa controlar su patrimonio, la educación de sus hijos, decidir respecto de su herencia. El mundo político no les interesa porque es un mundo masculino donde no creen que vayan a obtener gran cosa, que los hombres las vayan a representar bien a ellas. Solo avanzada la década del 20 encontramos mujeres sufragistas. Las nuevas generaciones de mujeres ilustradas no se sentían reflejadas por la prensa, por lo que generaron sus propios medios.

La revista se enfrentó a medios tradicionales, a los que incluso llegó a disputarles avisaje.

Ver en El Mercurio

Ana María Stuven: Manuel Rodríguez y el camino hacia la independencia

April 4, 2017paulaNoticias0

anamarialaredAna María Stuven, directora del Programa de Historia de las Ideas Políticas, integró el panel sobre Manuel Rodríguez en el programa Mentiras Verdaderas de La Red.

La historiadora UDP señaló que “Todos estos personajes que participaron de esta guerra de la independencia van a ser personajes que además van a construir la pedagogía cívica. Recordemos lo importante que fue en el siglo XIX la educación y los historiadores, la escritura de la historia patria fue uno de los primeros proyectos que hizo el Estado Chileno, para eso trajeron a Claudio Gay desde Francia”

Además, agregó que “Estos personajes integran el panteón republicano, y hay que dejarlo un poco ahí. Lo importante es saber que Manuel Rodríguez ya es un personaje mitológico“.

Ver entrevista en La Red

Gabriel Cid en La Tercera: “30 años de la visita del Papa a Chile”

March 27, 2017paulaNoticias0

gabriel-cid-ccssTres décadas después del viaje del único Papa que ha venido al país, sociólogos, historiadores y antropólogos analizan su legado. Fue una de las visitas más relevantes del siglo XX, que movilizó a la gente a las calles y marcó un hito en episodios futuros de la historia nacional.

En julio de 1985, un grupo de obispos chilenos le envió una carta al entonces Papa Juan Pablo II. “Los obispos de Chile solicitamos por unanimidad vuestra visita pastoral a nuestra patria”. El 21 de octubre de ese año el pontífice confirmaba su viaje. “El Papa vendrá a Chile en el primer trimestre de 1987”, titulaba al día siguiente La Tercera.

Su viaje se materializó entre el 1 y el 6 de abril de 1987, y a 30 años de ese hito, es la única visita que un sumo pontífice ha realizado el país.

Se trató del octavo viaje apostólico a Latinoamérica de Karol Józef Wojtyla, su verdadero nombre, en ese entonces de 66 años. Visitó Uruguay, Chile y Argentina. En nuestro país recorrió Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Santiago, Concepción, Temuco, Puerto Montt y Punta Arenas.

Para un Chile de extensa tradición católica, su figura era muy relevante. Pero además el país estaba política, social y económicamente convulsionado. Por ello, su visita generó altas expectativas.

Su agenda incluyó actividades con autoridades del régimen militar, reuniones con representantes del mundo de la cultura, de la política, pobladores y con los jóvenes, entre otros.

Con dos años de anticipación se creó un slogan, una oración y una canción por su llegada. Además, se repartieron medio millón de Altares Familiares, que tenían en el centro el rostro de Cristo.

La visita de Juan Pablo II tuvo una gran importancia simbólica, resalta Manuel Antonio Garretón, sociólogo, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, y académico de la U. de Chile. “No cambió mucho las cosas, porque no era posible. Pero sí hubo un cambio simbólico. Lo básico de su visita no es tanto su discurso, ni lo que dijo, sino ciertos gestos que tuvo”.

Destaca Garretón como ejemplo, que en la homilía en La Bandera ocupara la biblia del sacerdote André Jarlán, fallecido en la población La Victoria en una protesta nacional en 1984.

Espacio público

Su paso por Chile generó la primera aparición de la población en las calles y la televisión, “de una forma legitimada”, dice Garretón. “Iban a ver al Papa. Lo mostraba la televisión, no denostándolos ni atacándolos, como en las protestas”.

Todo el mundo salió a las calles. “La vida era solitaria en el Chile de esa época. Las manifestaciones eran disueltas y sí se autorizaban eran de grupos específicos. Por primera vez toda la sociedad vuelve al espacio público. Las manifestaciones eran desconocidas para muchos”, agrega José Isla, antropólogo social y académico de la U. de Chile.

Sus actividades además, fueron profusamente transmitidas por los medios, destaca Isla.“Había una instancia de participación de los medios desconocida. Antes de eso existía la radio que transmitía las noticias, pero entonces por primera vez era la televisión que en directo mostraba la presencia de la gente en espacios públicos”.

Su visita es uno de los eventos más trascendentes en la historia de Chile del siglo XX, sostiene Gabriel Cid, historiador y académico de la U. Diego Portales.

“Casi un millón de personas se reúne en el Parque O’Higgins, a tal punto que ese día se declara feriado. La prensa se encarga de dar información sobre su vida, hay canciones, hay toda una atmósfera que se va encendiendo. Hay copas en su honor, la presencia masiva de su imagen, hasta radioteatros que contaron la vida del Papa”, indica Cid.

Vuelta a la democracia

Tres décadas después, su visita puede mirarse desde distintas aristas. Ana María Stuven, historiadora y académica de la U. Católica, dice que fue un momento de la historia en la cual los chilenos se unieron, a pesar de sus diferencias, en torno a un mensaje esperanzador e espiritual.

“Pudo congregar de una manera impresionante a la gente. Fue un fervor, en torno a un mensaje de paz”, resalta Stuven.

Una figura religiosa que ayudó, agrega la experta, al retorno de la democracia. “Aunque no hay registros exactos, sabemos que el Papa persevera ante Pinochet para lograr mejoras en los derechos humanos”, señala.

Pero su presencia simbólica es lo que más trasciende, agrega Stuven. “Su mensaje era para todos los sectores. Fue un mensaje humanizador y pacificador”.

“Era un hombre que sabía lo que había sido una dictadura, que representaba en sí mismo la posibilidad de liberarse de lo que hubo, no desde un lugar de fuerza, sino de fuerza espiritual. El slogan “el amor es más fuerte”, ¿más fuerte que qué? Más fuerte que el odio”, resume Stuven.

Por otra parte, también mostró las fricciones que Chile experimentaba, manifiesta Cid. “Reflejó la tensión entre lo que supuestamente tenía como propósito la visita, la mirada pastoral y la reconciliación, y las fricciones en un Chile que no estaba en reconciliación”, precisa.

La figura del Papa se vinculó a la de un “árbitro de la paz”. Pero en sus discursos la palabra democracia no aparece, explica Cid. “Salvo en una instancia en el Parque O’Higgins, cuando habla de la tradición democrática de Chile y del entendimiento”, expresa.

Para muchos, su arribo fue visto como una oportunidad de justicia. “De querer acusar a una autoridad mayor a Pinochet y de decirle “esto es lo que está pasando, por favor haga algo”, indica Cid. Ello en razón de la dignidad de su embestidura; visibilizar un problema que se creía que el Papa no sabía. “Existía una sensación de que él podría hacer algo o hacer justicia”, cuenta.

Pero el Papa es un Jefe de Estado, del Estado Vaticano, dice Cid, por lo que “tuvo moderación de la crítica, porque no podía venir a criticar, ni ser tan polémico”.
Su visita puso en evidencia la contienda entre reconciliación y justicia, la que no se puede resolver con una frase como “el amor es más fuerte”, a juicio del historiador de la UDP. “Esto se hace visible en los desmanes del Parque O’Higgins, con el Papa tratando de hacer una homilía en medio de los gases lacrimógenos”, agrega.

Para Garretón, gracias a su visita quedó la sensación de que algo había pasado. “No se sabía qué, pero fue simbólico. La visita del Papa, no el Papa como tal, fue un preanuncio de lo que venía en adelante, que era la presencia popular y la búsqueda de una salida que tenía que ser no por la vía violenta o armada”.

Con su venida “comenzó el fin de la dictadura”, complementa Isla. “Las circunstancias que se generaron con su venida, posibilitaron las condiciones para que un año después se produjera el triunfo del No en el plebiscito”, indica.

Pero Cid no comparte tal apreciación. Estima que “es parte del mito” creer que su visita inició la transición democrática. “El acuerdo político de transición a la democracia se había firmado en 1985 y el atentado a Pinochet clausura que la opción sea por la vía armada. La única salida que queda es la política, que se acordó en 1985. La visita del Papa confirma esa salida, pero no es desde el Papa que se acuerda esa salida”, expresa.

Con todo, más allá de la connotación religiosa que tuvieron esos seis días en Chile, su valor fue político y social. “Yo creo que sería difícil que la tuviera ahora. Con la excepción de la visita de Jorge Bergoglio, el Papa latinoamericano que habla castellano”, destaca Garretón.

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