Programa de historia de las ideas políticas en Chile

Dr. José Casanova expone sobre religión, cohesión social y globalización en la UDP

May 18, 2017paulaNoticias0

18423822_1313019145418868_4823953530910998461_nEl Dr. José Casanova, profesor en los departamentos de Sociología y Teología en la Universidad de Georgetown y miembro principal del Centro Berkley, es uno de los mayores estudiosos del mundo de la sociología de la religión. El pasado 11 de abril expuso en el conversatorio titulado “Cohesión social y religiones transnacionales: desafíos para la democracia en América Latina”, actividad organizada por el Programa de Historia de las Ideas Políticas en Chile, en conjunto con la Escuela de Sociología de la UDP, COES y el Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales de la UAH.

En la actividad, el autor de libros como Religiones públicas en el mundo moderno y Genealogías de la secularización, abordó problemas como el cambio religioso en América Latina, el impacto de la globalización en las formas de confesionalidad y la necesidad de pensar transnacionalmente el fenómeno religioso como forma de comprender las transformaciones de este problema en las últimas décadas.

Cabe destacar que el profesor José Casanova es uno de los principales estudiosos del mundo de la sociología de la religión. Es profesor en los departamentos de Sociología y Teología en la Universidad de Georgetown y miembro principal del Centro Berkley, donde su trabajo se centra en la globalización, las religiones, y la secularización. Ha publicado trabajos sobre una amplia gama de temas, incluyendo la religión y la globalización, la migración y el pluralismo religioso, religiones transnacionales, y la teoría sociológica. Su obra más conocida es Religiones Públicas en el Mundo Moderno (1a. edición en inglés, University of Chicago Press, 1994).

Ana María Stuven: Veinte años de debate sobre el sistema carcelario y el género sigue ausente

May 17, 2017paulaNoticias0

ana maria chicoHace 20 años se viene hablando de reformar el sistema carcelario. Y nada. No lo digo yo. Lo dijo un participante del Seminario que organizó el Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica. Por eso, aunque sea tarde, los resultados que presentó la semana pasada la mesa de trabajo que elaboró el documento Propuestas de Mejora al Sistema Carcelario son bienvenidos. Efectivamente, es urgente modificar un sistema carcelario que trasgrede los derechos humanos y que no es eficiente en reinsertar socialmente (o más bien insertar, pues en su mayoría son personas que han vivido en los márgenes de la sociedad y la cultura) a quienes cometen delito.

El documento “Sistema Carcelario en Chile: Propuestas para avanzar hacia una mayor efectividad y reinserción” es una buena noticia por cuanto reconoce que el país no ofrece condiciones dignas de encarcelamiento ni tampoco adecuadas posibilidades de reinserción. Aún más, admite que es completamente inconducente condenar a penas de reclusión extendida por delitos menores pues estas incluso aumentan la probabilidad de delinquir en el futuro. Propone también reformas a la legislación penitenciaria, la modernización de Gendarmería, incluyendo la separación de las funciones de custodia y reinserción, la implementación de una política de segmentación de la población penal, así como mejoras en la infraestructura carcelaria que contemple recintos de baja, mediana y alta seguridad. Pone especial énfasis en la implementación de líneas programáticas de reinserción, potenciando el rol de los municipios y con el concurso de sectores privados que complementen la oferta de Gendarmería.
Hasta ahí todo bien.

Sorprenden, sin embargo, algunas falencias o carencias, a estas alturas inaceptables para especialistas que han trabajado durante más de 6 meses. La primera, y más importante, es que todas las propuestas están planteadas como si la población penal no presentara características de género. Todas ellas se encuentran redactadas en un lenguaje neutro genéricamente. Criticar que se refieran a “internos” y “reclusos” para designar a la población penitenciaria en general no es producto de una insistencia semántica. Es necesario hacerlo porque el texto refleja y reproduce la tendencia que han presentado muchos de los estudios sobre el tema, y que ha impedido, históricamente, una discriminación necesaria entre los problemas de la reclusión femenina y masculina, así como entre las consecuencias que tiene condenar a una mujer vs. un hombre a penas privativas de libertad. Incluso el mismo estudio reconoce en su diagnóstico que, “la evidencia señala que la privación de libertad tiene efectos diferenciales según se trate de hombres o mujeres, lo cual en la actualidad es ignorado por la política penitenciaria”. Pero tan solo lo menciona sin sacar ninguna conclusión ni adelantar ninguna propuesta. Por cierto, un estudio que elaboramos en la misma Universidad Católica en 2012 y publicado también por el Centro de Políticas Públicas ya demostró el mayor costo social y familiar que representaba una mujer en prisión. Las mujeres sufren un mayor estigma social cuando entran a la cárcel.

Además, se desvinculan de sus familias y redes sociales, lo cual es especialmente grave por el hecho que al momento del ingreso en prisión al menos la mitad tenía el rol de cuidadora o sostenedora principal de los hijos. El país se ha estremecido con las dramáticas noticias sobre la situación de los niños y niñas del SENAME; al menos un tercio de los hijos de mujeres que ingresan a la cárcel quedan en situación vulnerable y son candidatos a sufrir en alguna de sus instituciones por ausencia de su madre. ¿ Cuesta tanto concluir que el problema de la prisión femenina tiene mayores connotaciones sociales que la masculina y requiere de políticas ad hoc?

Parece, por lo tanto, inexplicable que el documento no incluya propuestas específicamente para el caso de la población femenina. Ello, especialmente, si constatamos que la prisión tiene nulo efecto reparador en general, y que la población penal de mujeres corresponde al subgrupo con mayor crecimiento en los últimos años, con un aumento cercano al 90%, condenadas principalmente por micro-tráfico. Una reincidencia promedio en el delito de 50.5% en 3 años confirma que la prisión es un tiempo perdido y, además, un período de contagio crimonológico, pérdida de vínculos familiares y sociales, detrimento de la salud mental y empobrecimiento personal y familiar.

Constatando lo anterior, era deseable y esperable que el documento se pronunciara específicamente respecto de las penas privativas de libertad con consideraciones de género, de manera de considerar variables como la maternidad, el tipo de capacitación, la atención sicológica, la vinculación familiar y otros aspectos largamente exigidos y denunciados por las organizaciones que trabajan en los centros penitenciarios femeninos respecto de las penas privativas de libertad para mujeres. Si bien es cierto que la población recluida es mayoritariamente masculina, el aumento de mujeres privadas de libertad y su repercusión social merecía una atención especial.

No cabe duda que la mesa de trabajo se habría visto enriquecida si, además de los abogados, juristas, y académicos que la integraron, hubiera invitado a las instituciones que trabajan y conocen por dentro el problema de la prisión femenina. La Corporación Abriendo Puertas es una organización que trabaja hace 17 años en el Centro Penitenciario Femenino, capacitando, acompañando y realizando estudios sobre prisión femenina. Es lamentable que, con excepción de la Capellanía católica, no se haya valorado el insumo que podría aportar la experiencia de instituciones que, como el mismo estudio propone, llevan años articulando con Gendarmería programas de reinserción laboral y social.

Ver columna en El Mostrador

Ana María Stuven en Revista Ya: Las primeras páginas del sello femenino chileno

May 16, 2017paulaNoticias0

Lanzamiento libro "Debates republicanos en Chile. Siglo XIX"Hace 100 años, entre retratos de distinguidas señoras y elegantes bocetos de moda, apareció esta publicación dedicada a la mujer. Causó revuelo y pavimentó una nueva forma de acercarse al mundo femenino.

Corría enero de 1917 cuando una nueva revista para mujeres empezó a circular en Santiago: “La Silueta”. Se presentaba en su colofón como una “revista social de arte, elegancia, modas y literatura femenina. Su primer número abría con un editorialque era una declaración de intenciones. En el contexto de que “lo verdadero, o indudable ya, es que la mujer ha llegado a ocupar en la vida el papel que acaso le corresponde”, la revista “aspira a ser el exponente de la cultura femenina”, por lo que invitaba a las lectoras a enviar sus textos. La nota firmada por la dirección prometía: “La Silueta va a mostraros lo que puede y lo que hace la mujer chilena”.Ya en las primeras páginas dedicadas a la crónica social, se aprecia un rasgo que será característico de la revista: incorpora las secciones que hasta hoy son típicas de las publicaciones femeninas, pero con un tono crítico.  Así, por ejemplo, la cronista Gypsi partía manifestando su enojo porque le han encargado escribir sobre la vida social, noticias que califica de “algo rancias”, porque las fiestas sociales “no resultarían una novedad para nadie, ya que se publican en todos los diarios”. En el número de febrero, la crónica social firmada por Kismet afirma que “la vida viñamarina resulta muy llena y muy vacía. Por eso algunos se encargan de colmarla con placenteros comentarios acerca de los veraneantes y de cómo exageran la moda algunas damas”. En las páginas de belleza de la edición de junio, Mercedes de la Peña califica a “los cosméticos, las pinturas y los afeites” de “verdugos de la necesaria y justa aspiración femenil” de cuidar su apariencia, advirtiendo a las lectoras sobre los compuestos químicos contenidos en “esos menjurges” (sic) de pomos dorados: “estas materias tóxicas y corrosivas serán los sepultureros de nuestra lozanía”.

Mujeres letradas

La Silueta es parte de una seguidilla de publicaciones creadas por y para mujeres, a partir del creciente acceso a la educación experimentado por las chilenas a partir de la segunda mitad del siglo XIX, en que la promulgación del Decreto Amunátegui en 1877 fue primordial. Además de favorecer el acceso a la universidad, derivó en la aparición de liceos públicos femeninos. Las nuevas generaciones de mujeres ilustradas no se sentían reflejadas por la opinión pública dominante, que las seguía relegando al rol de madres y esposas, sin pensamiento ni voz. De ahí que para difundir las ideas y el quehacer femenino empezaron a surgir medios escritos como “La Brisa de Chile” (1875) y “La Mujer” (1877), a cargo de Rosario Orrego y Lucrecia Undurraga, respectivamente. Estos medios fueron precursores de un periodismo femenino autodidacta, que mezclaba lo informativo con lo literario. Estas publicaciones, además de las inquietudes intelectuales, abordaron asuntos prácticos como los derechos laborales de las mujeres que se empezaban a incorporar al trabajo. Generalmente se trataba de medios de corta vida y una circulación restringida. En el caso de La Silueta, fue un medio establecido, con impresión en color y papel satinado, una gestión comercial que captó avisadores (los mismos de los medios tradicionales) y duró 14 ediciones mensuales. Corresponde a una etapa más evolucionada del periodismo femenino chileno, como observa el decano de la Facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales, Manuel Vicuña:-Silueta forma parte de una camada de revistas creadas en la década de 1910, dirigidas a un público de élite, que dan cabida a las mujeres representantes de una veta del feminismo local, que apuesta a reducir la brecha cultural entre hombres y mujeres. Esas revistas incluso les conceden las portadas a las “damas de la buena sociedad”, como se decía entonces, conformando una “galería de damas ilustres”. En otras palabras, convierten a algunas mujeres en personajes públicos y les ofrecen un escenario mediático para ejercer una “toma de palabra” en temas relacionados con la condición femenina, a la larga no solo de los sectores altos. La historiadora Ana María Stuven explica que estas revistas corresponden a mujeres de élite, que “creen que uniéndose en torno a círculos de lectura (que se fundaron emulando los ingleses), al ideal de las tertulias, ellas van a lograr mejorar su condición cultural”. -El feminismo de la revista Silueta está anclado en reivindicar los derechos de la mujer, pero desde la valoración de sus roles tradicionales, no de la igualdad respecto de los derechos masculinos. Por una parte defiende que la mujer sea valorada, y por otra critica a las que están tomando posturas más radicales.

De Silueta a magazine

La Silueta tenía como propietario y director a Ángel Bonfratello, empresario dueño de una tienda de modas ubicada en la céntrica calle Ahumada, que además servía de domicilio oficial para la revista. Él mismo se encargaba de escribir las páginas de moda, inspiradas en las tendencias parisinas. Pero según Ana María Stuven, “esta era la revista del Club de Señoras, donde se reunían mujeres de élite preocupadas por el avance del feminismo”. En la práctica, el Club tenía cobertura permanente de sus actividades en las secciones habituales de La Silueta. La revista contaba con un equipo de colaboradoras que incluía destacadas escritoras e intelectuales como Inés Echeverría de Larraín (Iris), Elvira Santa Cruz y Ossa (Roxane), Amanda Labarca y Lucila Godoy, quien publicó sus primeros poemas como Gabriela Mistral. Como sería práctica habitual del periodismo femenino, incluso avanzado el siglo XX, las autoras firmaban con un alias cuando se trataba de notas más polémicas.  En febrero de 1917 publicó el artículo “Cómo se formó el Club de Señoras”, que Iris calificaba de “¡un lugar donde se piensa en alta voz! Es un paraíso reconquistado”. Pero también aludía a dos diarios contrarios al Club, en particular a La Unión, del cual dijo: “no entra en casa, sino en calidad de envoltorio de paquetes de menor cuantía”. El periódico reaccionó con un artículo que “era una gratuita ofensa a nuestras damas”, según calificaba una airada carta de dos páginas publicada en la edición de abril de La Silueta, y que firmaba “una lectora”, que también advierte que Zig-Zag, sin hacer una alusión directa a la revista, buscaba ridiculizarla. El principal semanario nacional de la época se convertiría en una suerte de enemigo de la publicación femenina, aunque sus alusiones a La Silueta eran en tono irónico. El 12 de mayo de 1917, por ejemplo, en la sección “Lo que vemos y oímos” la califica de “una revistilla de modas (…) se imagina que con su estupenda circulación de 15 ejemplares no va a quedar títere con cabeza”. En medio de la polémica, la tienda de Ángel Bonfratello quebró y no siguió financiando la revista, que a partir de mayo pasó a llamarse Silueta Magazine. Se formó una nueva empresa, propiedad del dentista A. Jaime González, quien era avisador habitual. Asumió como director Tomás Gatica Martínez, escritor que provenía de Zig-Zag, con la cual siguió una controversia durante meses. El semanario hacía chistes con el que denominaba “ángel rebelde y cursilón” y una de sus novelas, “La cachetona”, a la que llamaban “La cachetina”, además de insinuar que su salida de la revista no había sido en los términos de tragedia teatral que Gatica señalaba. El aludido respondía con airadas columnas, hasta que decidieron cambiar el tono. Incluso imitaron la página de humor “Indiscreciones telefónicas” de Zig-Zag, donde se referían al semanario como “la Zigzaña”.Silueta Magazine creció como empresa y captó un creciente número de avisadores: después de la portada, venían hasta 17 páginas de publicidad antes de iniciar los contenidos de la revista. En septiembre se anunciaba que en 1918 sería “quincenal y más grande”. Se cambiaron a una nueva casa, en la calle Monjitas, donde además de sus oficinas se instaló una galería de arte. También se empezó a publicitar el lanzamiento del jabón de tocador de marca Silueta, denominación que adoptó la publicación a contar de su edición de enero de 1918, que sería la penúltima.

 Menos moda y más letras

“Si se quiere que la mujer se preocupe menos de la moda y más de la vida, es indispensable que se le conceda el más amplio derecho para aprender”, afirmaba uno de los artículos de la edición de julio de 1917. Si bien con la llegada de Tomás Gatica a la dirección Silueta fue evolucionando para convertirse en una publicación cultural (se incorporaron crítica teatral y literaria, ensayos de actualidad y personajes), en paralelo se mantuvo la línea feminista. Las portadas con retratos de señoras de alta sociedad pasaron a ser ilustraciones. Se redujo la vida social a una página gráfica, denominada “Mundo aristocrático”, sin embargo en las últimas ediciones volvió la crónica, aunque en tono tradicional. La crítica se trasladó a las páginas de moda, que en reemplazo de Bonfratello asumieron Musmé y luego Carlos Martínez. La primera invitaba a no desesperarse en querer imitar a las mujeres más jóvenes, mostrando tenidas que también “sirven para las gruesas”. En la página de Correspondencia, donde se pedían consejos domésticos y de belleza, la encargada Sosie se quejaba:-Son tantas las cartas que recibo pidiéndome remedios para adelgazar que llego a convencerme de que esta idea es ya una verdadera obseción (sic) en nuestra sociedad. Reseta (sic): suba ud. todas las mañanas hasta la cumbre del San Cristóbal y no coma nada. Este método es infalible (…) ¡Qué majadería esta de querer adelgazarse!En junio de 1917 debutó la sección “Feminismo/ Lo que dicen ellas”, donde se pedían opiniones a “distinguidas señoras del alto mundo social”. Solo duraría dos ediciones, después que se hizo la versión “Feminismo / Lo que dicen ellos”, donde el Marqués de Dosfuentes sentenciaba: “la invasión por la mujer en las esferas privativas del hombre es una cosa contra la naturaleza”. A la página de cocina, donde se enseñaba a preparar desde huevos revueltos y cazuelas de gallina hasta perfumes caseros, se sumó “El arte del hogar”, sobre cómo hacer manteles, encajes y cojines. En los últimos números aparecerían artículos como “La perfecta soltera”, con consejos para “cuando han pasado los años en que nuestros encantos no son cotizables en la rueda de las especulaciones amorosas”. En “El flirt” se reivindicaba el derecho a tener aventuras amorosas: “una hija de Eva podrá ignorar el arte de preparar croquetas; pero no desconocerá nunca la ciencia del flirteo”.Silueta apareció por vez final en febrero de 1918. La edición número 14 no entregaba ninguna señal de que sería la última: ni siquiera se suspendía el concurso del reloj de oro que se sorteaba desde septiembre.El fin de la revista coincide con un cambio de etapa en la lucha por las reivindicaciones femeninas locales. Para el decano de Ciencias Sociales de la UDP, Manuel Vicuña, este tipo de publicaciones dejó un legado: -Esta forma de protagonismo potenciará la lucha por los derechos civiles y políticos de las mujeres, que adquieren fuerza decisiva en los años veinte.La historiadora Ana María Stuven agrega que en la década siguiente las mujeres se organizarán en partidos políticos, pero su objetivo central todavía no será el derecho a voto:-Les interesa controlar su patrimonio, la educación de sus hijos, decidir respecto de su herencia. El mundo político no les interesa porque es un mundo masculino donde no creen que vayan a obtener gran cosa, que los hombres las vayan a representar bien a ellas. Solo avanzada la década del 20 encontramos mujeres sufragistas. Las nuevas generaciones de mujeres ilustradas no se sentían reflejadas por la prensa, por lo que generaron sus propios medios.

La revista se enfrentó a medios tradicionales, a los que incluso llegó a disputarles avisaje.

Ver en El Mercurio

Ana María Stuven: Manuel Rodríguez y el camino hacia la independencia

April 4, 2017paulaNoticias0

anamarialaredAna María Stuven, directora del Programa de Historia de las Ideas Políticas, integró el panel sobre Manuel Rodríguez en el programa Mentiras Verdaderas de La Red.

La historiadora UDP señaló que “Todos estos personajes que participaron de esta guerra de la independencia van a ser personajes que además van a construir la pedagogía cívica. Recordemos lo importante que fue en el siglo XIX la educación y los historiadores, la escritura de la historia patria fue uno de los primeros proyectos que hizo el Estado Chileno, para eso trajeron a Claudio Gay desde Francia”

Además, agregó que “Estos personajes integran el panteón republicano, y hay que dejarlo un poco ahí. Lo importante es saber que Manuel Rodríguez ya es un personaje mitológico“.

Ver entrevista en La Red

Gabriel Cid en La Tercera: “30 años de la visita del Papa a Chile”

March 27, 2017paulaNoticias0

gabriel-cid-ccssTres décadas después del viaje del único Papa que ha venido al país, sociólogos, historiadores y antropólogos analizan su legado. Fue una de las visitas más relevantes del siglo XX, que movilizó a la gente a las calles y marcó un hito en episodios futuros de la historia nacional.

En julio de 1985, un grupo de obispos chilenos le envió una carta al entonces Papa Juan Pablo II. “Los obispos de Chile solicitamos por unanimidad vuestra visita pastoral a nuestra patria”. El 21 de octubre de ese año el pontífice confirmaba su viaje. “El Papa vendrá a Chile en el primer trimestre de 1987”, titulaba al día siguiente La Tercera.

Su viaje se materializó entre el 1 y el 6 de abril de 1987, y a 30 años de ese hito, es la única visita que un sumo pontífice ha realizado el país.

Se trató del octavo viaje apostólico a Latinoamérica de Karol Józef Wojtyla, su verdadero nombre, en ese entonces de 66 años. Visitó Uruguay, Chile y Argentina. En nuestro país recorrió Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Santiago, Concepción, Temuco, Puerto Montt y Punta Arenas.

Para un Chile de extensa tradición católica, su figura era muy relevante. Pero además el país estaba política, social y económicamente convulsionado. Por ello, su visita generó altas expectativas.

Su agenda incluyó actividades con autoridades del régimen militar, reuniones con representantes del mundo de la cultura, de la política, pobladores y con los jóvenes, entre otros.

Con dos años de anticipación se creó un slogan, una oración y una canción por su llegada. Además, se repartieron medio millón de Altares Familiares, que tenían en el centro el rostro de Cristo.

La visita de Juan Pablo II tuvo una gran importancia simbólica, resalta Manuel Antonio Garretón, sociólogo, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, y académico de la U. de Chile. “No cambió mucho las cosas, porque no era posible. Pero sí hubo un cambio simbólico. Lo básico de su visita no es tanto su discurso, ni lo que dijo, sino ciertos gestos que tuvo”.

Destaca Garretón como ejemplo, que en la homilía en La Bandera ocupara la biblia del sacerdote André Jarlán, fallecido en la población La Victoria en una protesta nacional en 1984.

Espacio público

Su paso por Chile generó la primera aparición de la población en las calles y la televisión, “de una forma legitimada”, dice Garretón. “Iban a ver al Papa. Lo mostraba la televisión, no denostándolos ni atacándolos, como en las protestas”.

Todo el mundo salió a las calles. “La vida era solitaria en el Chile de esa época. Las manifestaciones eran disueltas y sí se autorizaban eran de grupos específicos. Por primera vez toda la sociedad vuelve al espacio público. Las manifestaciones eran desconocidas para muchos”, agrega José Isla, antropólogo social y académico de la U. de Chile.

Sus actividades además, fueron profusamente transmitidas por los medios, destaca Isla.“Había una instancia de participación de los medios desconocida. Antes de eso existía la radio que transmitía las noticias, pero entonces por primera vez era la televisión que en directo mostraba la presencia de la gente en espacios públicos”.

Su visita es uno de los eventos más trascendentes en la historia de Chile del siglo XX, sostiene Gabriel Cid, historiador y académico de la U. Diego Portales.

“Casi un millón de personas se reúne en el Parque O’Higgins, a tal punto que ese día se declara feriado. La prensa se encarga de dar información sobre su vida, hay canciones, hay toda una atmósfera que se va encendiendo. Hay copas en su honor, la presencia masiva de su imagen, hasta radioteatros que contaron la vida del Papa”, indica Cid.

Vuelta a la democracia

Tres décadas después, su visita puede mirarse desde distintas aristas. Ana María Stuven, historiadora y académica de la U. Católica, dice que fue un momento de la historia en la cual los chilenos se unieron, a pesar de sus diferencias, en torno a un mensaje esperanzador e espiritual.

“Pudo congregar de una manera impresionante a la gente. Fue un fervor, en torno a un mensaje de paz”, resalta Stuven.

Una figura religiosa que ayudó, agrega la experta, al retorno de la democracia. “Aunque no hay registros exactos, sabemos que el Papa persevera ante Pinochet para lograr mejoras en los derechos humanos”, señala.

Pero su presencia simbólica es lo que más trasciende, agrega Stuven. “Su mensaje era para todos los sectores. Fue un mensaje humanizador y pacificador”.

“Era un hombre que sabía lo que había sido una dictadura, que representaba en sí mismo la posibilidad de liberarse de lo que hubo, no desde un lugar de fuerza, sino de fuerza espiritual. El slogan “el amor es más fuerte”, ¿más fuerte que qué? Más fuerte que el odio”, resume Stuven.

Por otra parte, también mostró las fricciones que Chile experimentaba, manifiesta Cid. “Reflejó la tensión entre lo que supuestamente tenía como propósito la visita, la mirada pastoral y la reconciliación, y las fricciones en un Chile que no estaba en reconciliación”, precisa.

La figura del Papa se vinculó a la de un “árbitro de la paz”. Pero en sus discursos la palabra democracia no aparece, explica Cid. “Salvo en una instancia en el Parque O’Higgins, cuando habla de la tradición democrática de Chile y del entendimiento”, expresa.

Para muchos, su arribo fue visto como una oportunidad de justicia. “De querer acusar a una autoridad mayor a Pinochet y de decirle “esto es lo que está pasando, por favor haga algo”, indica Cid. Ello en razón de la dignidad de su embestidura; visibilizar un problema que se creía que el Papa no sabía. “Existía una sensación de que él podría hacer algo o hacer justicia”, cuenta.

Pero el Papa es un Jefe de Estado, del Estado Vaticano, dice Cid, por lo que “tuvo moderación de la crítica, porque no podía venir a criticar, ni ser tan polémico”.
Su visita puso en evidencia la contienda entre reconciliación y justicia, la que no se puede resolver con una frase como “el amor es más fuerte”, a juicio del historiador de la UDP. “Esto se hace visible en los desmanes del Parque O’Higgins, con el Papa tratando de hacer una homilía en medio de los gases lacrimógenos”, agrega.

Para Garretón, gracias a su visita quedó la sensación de que algo había pasado. “No se sabía qué, pero fue simbólico. La visita del Papa, no el Papa como tal, fue un preanuncio de lo que venía en adelante, que era la presencia popular y la búsqueda de una salida que tenía que ser no por la vía violenta o armada”.

Con su venida “comenzó el fin de la dictadura”, complementa Isla. “Las circunstancias que se generaron con su venida, posibilitaron las condiciones para que un año después se produjera el triunfo del No en el plebiscito”, indica.

Pero Cid no comparte tal apreciación. Estima que “es parte del mito” creer que su visita inició la transición democrática. “El acuerdo político de transición a la democracia se había firmado en 1985 y el atentado a Pinochet clausura que la opción sea por la vía armada. La única salida que queda es la política, que se acordó en 1985. La visita del Papa confirma esa salida, pero no es desde el Papa que se acuerda esa salida”, expresa.

Con todo, más allá de la connotación religiosa que tuvieron esos seis días en Chile, su valor fue político y social. “Yo creo que sería difícil que la tuviera ahora. Con la excepción de la visita de Jorge Bergoglio, el Papa latinoamericano que habla castellano”, destaca Garretón.

Leer en La Tercera

Ana María Stuven: ¿Perdieron las mujeres con la derrota de Hillary Clinton?

December 12, 2016paulaNoticias0

Lanzamiento libro "Debates republicanos en Chile. Siglo XIX"Columna de opinión de Ana María Stuven en El Mostrador.

Hillary Clinton lideraba las encuestas para convertirse en la primera mujer Presidenta de los Estados Unidos. Su contrincante, Donald Trump, la enfrentó sin misericordia, enrostrándole todos los trapos sucios que no lavó en privado ni como Primera Dama ni como Secretaria de Estado. El affaire Lewinsky, los correos privados en su servidor público, el drama libio que costó la vida al embajador de su país, toda su historia quedó al descubierto. Y ella se hizo de la misma estrategia: lo acusó de abusador, llevó víctimas de los avances sexuales de Trump, y expuso su sexismo de manera descarada.

Ambos candidatos desarrollaron una de las campañas electorales más vulgares de la historia de Estados Unidos.

No obstante, tanto los medios de prensa como el sentir más generalizado le daban la victoria a Hillary. Ser mujer, con una larga tradición en la acción política, era su fortaleza aparente. Muchas mujeres se esperanzaron con ser testigos del ingreso, por vez primera, de una mujer como Presidenta a la Casa Blanca. No todas, por cierto, concordaban con esa “Nación Trajepantalón” que ella representaba para sus adherentes y eso explica la baja votación que obtuvo en algunos grupos de mujeres.

¿Por qué no le sirvió esta posición de aparente ventaja? Su derrota, ¿compromete el futuro en las causas políticas para las mujeres? Pienso que no.

El sicoanalista Luigi Zoja sostiene que vivimos en un mundo menos patriarcal, menos “patricéntrico”, pero aún muy “machocéntrico”. Después de un siglo de crítica feminista, el mundo no se habría vuelto menos machista; la figura del macho continúa siendo la que domina la “manada”, atrayendo a muchas mujeres hacia convertirse en el “macho alfa”. Hillary Clinton quiso luchar cuerpo a cuerpo con los hombres que han liderado a la manada a través de la historia, pero en su territorio y con sus valores.

Se equivocaron las mujeres que creyeron que ella enarbolaba la bandera de la madre y la pareja, quienes, como también dice Zoja, son habitantes permanentes en todos los grupos de animales. No se dieron cuenta de que entre sus causas no estuvo derrotar el patriarcalismo ni el machismo, para lo cual era importante abandonar la postura de esa primera ola feminista que pensaba que solo se accede al poder poniéndose puños de acero. Ni  las concepciones de género ni el mismo feminismo sostienen hoy, también por la experiencia histórica, que para avanzar en posiciones de poder las mujeres necesitan abandonar las faldas.

La causa es muchísimo mayor que unas pocas formalidades que no pudieron esconder lo obvio de Hillary Clinton. Y que, en cambio, probablemente explican la seducción que ejerció Michelle Bachelet en su primera candidatura a La Moneda: ella, no solo manejaba un tanque, también usaba faldas, sino que empleaba un discurso donde los roles femeninos tradicionales estaban siempre validados.

Los estudios de género, la historia de mujeres y el feminismo han tenido que hacer un recorrido azaroso y solo muy recientemente han sido validados en el mundo académico. Sus logros se han debido justamente a su doble enfoque. El que enfatiza lo relacional y defiende los derechos femeninos, valorando la contribución de la mujer desde los roles sociales que ocupa. Esta concepción se apoya en la noción de complementariedad de los sexos, y en una visión que propone una organización social igualitaria.

El segundo enfoque proviene de una corriente más liberal, individualista, que enfatiza los conceptos abstractos de derechos humanos individuales, extensivos por su naturaleza, y no por el género, a la mujer.

Tanto desde el contexto relacional como el individualista es difícil que una feminista solidarizara con la foto en que Bill Clinton y Hillary, con  su hija Chelsea entre ellos, caminaban abrazados hacia un helicóptero por los jardines de la Casa Blanca después que el mundo se enterara de la humillación que le había proferido su marido en el mismo centro del poder. Ella demostró, en ese acto y lo que siguió, que era ese poder machista ante el cual se subyugaba el que ella querría ejercer en adelante. Y así lo hizo. Reconociéndole su autoridad y buscando ejercerlo ella sin ningún guiño hacia las mujeres para las cuales su dignidad y la validación de su contribución desde lo femenino está por encima de la lucha por ser un “macho alfa”.

Se explica entonces perfectamente que muchas mujeres, sin traicionar su solidaridad de género, no apoyaran a Hillary Clinton; también que muchos hombres no vieran en ella una alternativa al poder masculino, sino más de lo mismo con sexo femenino. Es entendible que, a pesar de defender sin claudicar la igualdad de oportunidades para mujeres y, ojalá, que una de ellas  algún día ocupe también la Presidencia de los Estados Unidos, no se sintieran interpretadas, ellas ni ellos, por esta mujer que no ofrecía una forma nueva de ejercer el poder desde lo femenino.

En consecuencia, las expectativas de que las posiciones  de género hubieran dado un salto en un país tradicionalista como los Estados Unidos con Hillary Clinton, son bajas. La tarea queda pendiente: ¿para Michelle Obama?

Ver columna en El Mostrador

PHIP organiza el Seminario “Pedazos de Plenitud: una Historia Intelectual de las Nociones de Felicidad”

November 17, 2016paulaNoticias0

pedazos-de-plenitudEl Programa de Historia de las Ideas Políticas en Chile realizará el Seminario “Pedazos de Plenitud: una Historia Intelectual de las Nociones de Felicidad”, presentado por Yuri Contreras Véjar, Doctor y Master of Arts en Sociología de la New School for Social Research, miembro del Committee of Religion de la City University of New York y Profesor Asociado de la Universidad Diego Portales.

La existencia humana transcurre en los bordes de aquello que controlamos y dimensiones que escapan a nuestros designios y voluntad. La tensión entre estos dos ámbitos está al centro de la organización conceptual y simbólica de concepciones de plenitud y felicidad humana. La exposición “Pedazos de Plenitud: una Historia Intelectual de las Nociones de Felicidad” expondrá como dichas concepciones fueron articuladas y transformadas en momentos decisivos de las sociedades que, fundadas en los legados de Grecia y Roma, hoy día reconocemos como Occidente.

La actividad se realizará el martes 22 de noviembre a las 13:00 horas, en la sala B-41 de la Biblioteca Nicanor Parra, ubicada en Vergara 324, Santiago.

Ana María Stuven: “Urgen criterios de género al asignar condenas a mujeres”

November 8, 2016paulaNoticias0

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Ana María Stuven en El Mostrador: Los niños del Sename: ¿dónde están sus padres?

October 11, 2016paulaNoticias0

Ana_Maria_StuvenUna posibilidad es revisar el sentido mismo de la prisión. La evidencia empírica (particularmente internacional) ha demostrado de manera consistente el nulo efecto reparador que tiene la cárcel. En cambio, especialmente en el caso de las mujeres privadas de libertad en el contexto hispanoamericano, se puede demostrar que en promedio son 3 los niños que quedan desprotegidos afectiva y económicamente por ausencia de la madre.

Con razón ha causado indignación que más de mil niños hayan muerto estando bajo custodia del Sename entre 2005 y 2016. La cifra es escalofriante, pero ya estamos acostumbrados a cifras escalofriantes, y que muchas de ellas afecten a niños.

Pero que en Chile, bajo los cuidados del Estado, mueran más de mil niños, no debe pasar como otra cifra más de un danza macabra de tragedias. Esta vez, no podemos achacársela a un Gobierno determinado. Su ámbito ha abarcado a gobiernos de la Concertación, de la Alianza y de la Nueva Mayoría. Es un problema, en consecuencia, de Estado y al Estado corresponde resolverla.

El Gobierno actual ha anunciado un aumento significativo de recursos para el Sename. Parece obvio: en sus hogares murieron los niños. Es imperativo asignar responsabilidades y obviamente revisar las políticas que hicieron posible no solo las muertes sino también que hasta ahora la ciudadanía desconociera la realidad. ¿Como es posible, nos preguntamos, que ninguna autoridad haya intervenido en algo tan demencial como mantener unidos los servicios que están a cargo de los menores en protección con aquellos que son infractores de ley? ¿Y que no haya habido voluntad política para hacer los cambios que se requerían y que se vienen solicitando con urgencia hace años?

Es evidente que el Sename requiere cirugía mayor. Pero ¿es suficiente intervenir el Sename para que los niños en situación de marginalidad y vulnerabilidad queden mejor protegidos? En absoluto. Eso no hace sino tranquilizar las conciencias de las autoridades de turno, con recursos por lo demás insuficientes, sin resolver el problema en su origen. Sus aristas son indudablemente muchas. Dicen relación con situaciones de pobreza, indefensión, consumo de drogas y otros. Se relacionan con problemas sociales muy profundos, con políticas públicas inadecuadas y malas asignaciones de recursos. Hablan también de problemas culturales de diversa índole.

Proponemos tomar en cuenta al menos una. Esos niños, parece una obviedad, tienen o tuvieron padres. A lo mejor, también en algún momento tuvieron un hogar. Debemos, en consecuencia, preguntarnos: ¿qué sucedió que esos niños llegaron al Sename como su hogar sustituto?, ¿qué tipo de relaciones debemos establecer con su historia y con su destino? Porque el Sename es una puerta de entrada, pero también una puerta de salida.

Varios estudios se han ocupado de estas relaciones. Como afirma Pilar Larroulet en un reciente estudio, un 27% de las personas privadas de libertad declara haber estado en el Sename como medida de protección de derechos, y 36% por infracción de ley. También casi un 30% reportó haber vivido en la calle antes de cumplir 18 años. Es decir, muchos de ellos entraron al Sename por carencia de un entorno familiar; muchos también, de entre ellos, salieron del Sename para ingresar a un penal.

En consecuencia, no podemos desconocer la existencia de la ecuación que asocia la marginalidad infantil con la posibilidad de vínculo con el delito y el ingreso en prisión. ¿Podemos contentarnos con afirmar que quien cometió delito merece la cárcel, desconociendo que en el origen del delito está la vulnerabilidad y marginalidad infantil que el Sename no logra proteger? ¿Podemos proponer alguna solución creativa que nos saque de esa ecuación perversa?

Debemos dar una vuelta de tuerca en el análisis del drama del Sename, aprovechando esta dramática coyuntura, para volver a priorizar la lucha contra la pobreza y la exclusión social, poniendo atención a los problemas adyacentes, y que inciden directamente en que los niños lleguen al Sename. Más aún, en que salgan del Sename a la calle o la cárcel. La mayor parte de los riesgos que pesan sobre los niños están presentes mucho antes de cualquier condena a penas de reclusión bajo la forma de padres con trayectorias delictivas que se asocian a condiciones de extrema pobreza, abuso de alcohol o drogas, desajustes familiares y parentalidad irresponsable, o escasísimo nivel educacional.

Una posibilidad es revisar el sentido mismo de la prisión. La evidencia empírica (particularmente internacional) ha demostrado de manera consistente el nulo efecto reparador que tiene la cárcel. En cambio, especialmente en el caso de las mujeres privadas de libertad en el contexto hispanoamericano, se puede demostrar que en promedio son 3 los niños que quedan desprotegidos afectiva y económicamente por ausencia de la madre.

Recordemos que en Chile dos tercios de los niños vivía solamente bajo el cuidado de la madre cuando esta fue detenida; el porcentaje que vivía con el padre es muy menor. Qué sucede con esos niños entre la prisión de la madre y su eventual llegada a hogares del Sename? Se ha demostrado ampliamente que la prisión parental es un factor de riesgo para un conjunto muy amplio de problemas en niños y adolescentes, además de comportamiento delictivo, como son problemas de salud mental, abuso de drogas, fracaso académico y deserción escolar y desempleo. ¿No será esta una ocasión para preguntarse sobre el sentido de la prisión de quienes cuidan a los niños y los dejan a la deriva cuando son encarcelados? Esta situación, en Chile, afecta especialmente a las mujeres jefas de hogar al momento de su detención.

Una persona en prisión cuesta al Estado aproximadamente tres veces lo que se asigna por niño al Sename. Siendo creativos, podríamos pensar que bajo ciertas condiciones se podría asignar esos recursos a las madres que han delinquido y que representan un bajo riesgo, ofreciéndoles, en lugar de una estadía en la cárcel que las aísla, desvincula, margina y empobrece, la posibilidad de cuidar de sus hijos y evitar que lleguen al Sename.

Con soluciones creativas, además de la que proponemos, podríamos lamentar menos muertes y tener menos candidatos a la indefensión a que el Sename ha demostrado condenar a los niños marginales de Chile.

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